Mesa Bauxita, una de las mesas más elaboradas, tanto por su tapa de madera como por su base. Basada en una pieza central (aserrada del mismo tronco que la mesa Kaldi, mesa Betanzos y mesa Milano) añadimos unas piezas en los laterales para completar una pieza de medidas de 300cm de largo, 120 cm de ancho y 5 cm de espesor.
Esta vez los defectos de la pieza en su interior por haber sido un árbol muerto durante años y conservándose de pie bastantes años, los hemos trabajado con aluminio fundido. Un trabajo muy laborioso, en cuanto a su fundido, vertido y posterior lijado, este último requiere una ingente cantidad de horas. Pero no paramos ahí, tras finalizar con el aluminio y posterior relleno con resina en juntas decidimos darle un tallado a mano semicircular a todo la base en su parte superior y laterales.
La base de aluminio otro gran trabajo de herrero que se compone de muchas piezas soldadas para dar aspecto de un solo cuerpo, una pieza de diseño que aporta ligereza al conjunto.
En la tapa, nuez numerada 6. Y grabada con iniciales IG, certificado de autenticidad y caja identificativa
La Mesa Bauxita nace del mismo árbol centenario que dio origen a las mesas Kaldi, Betanzos y Milano. Un árbol que ya había terminado su ciclo vital, pero que conservaba una estructura digna de ser aprovechada. De ese único tronco, aserrado con cuidado, salieron las piezas centrales de estas mesas. En el caso de Bauxita, además se trabajó con aluminio para unificar la pieza. Cada parte tiene su historia, su marca, su textura real.
La base de aluminio fundido aporta algo más que estabilidad: aporta tensión visual, técnica y formal. No es una base decorativa ni convencional. Está diseñada para sostener el peso del castaño sin competir con él, pero también para añadir una lectura escultórica. El tallado manual de los cantos y la forma envolvente hacen que la base sea parte del lenguaje de la pieza, no solo su soporte.
La Bauxita pide espacios con calma, con materiales nobles, con cierta sobriedad. Lugares donde el volumen tenga espacio para respirar. No es una mesa que se deja arrinconar, ni que pase desapercibida. Encaja en salones amplios, estudios abiertos, espacios donde la arquitectura y los objetos se miran de tú a tú. Es una mesa que necesita tiempo para ser comprendida, y eso es parte de su fuerza.
Es ambas cosas. La Mesa Bauxita no pierde su función, claro que no. Pero tampoco se limita a ella. Es una mesa de madera hecha a mano con ambición escultórica, con decisiones formales muy marcadas, y con un proceso técnico que va mucho más allá de lo habitual. Cumple con lo que se espera de una mesa, pero entrega algo más: presencia, narrativa, peso visual. No está hecha para parecer, sino para ser.